CURP (manual de obtención)

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Registro Civil. Un asco de organización. Un asco de civilización. Hago fila para tramitar mi CURP. Me lamento, me acaricio lentamente, me consolo, desamparado, busco el lugar que me corresponde en la fila para tramitar el número de registro. La simetría no se nos da ese día. La ristra es un desastre. Detrás de mí, unas señoras gordas acechan, esperan el momento. Un hombre, metros más allá levanta sus manos y lanza una hoja que acaba de comprimir con sus puños. Sale del recinto dejando un silencio. Dos segundos, tres segundos. Vuelve la algazara. Regreso a mí, abandono al hombre, a sus preocupaciones, su negocio en bancarrota; regreso a mí, a la fila, las dos gordas se han escabullido y están delante de mí. Una de ellas pregunta:

-¿Estás haciendo fila?
-Eso es de suponerse.
-¿En cuál ventanilla estás haciendo fila? (solamente hay una abierta, en la que se acaban de meter sin mi permiso, las taimadas).
-Pues... Sólo hay una.
-Bueno, como la pensaste mucho, ya te ganamos.
-¡Ah, y seguro también votaron por Calderón, verdad?
-¿Cómo sabe eso?
-Por la cultura de gandallismo que vino a institucionalizar el bastardo.
-... (Aquí las gordas hacen un gesto de repugnancia).
-No se preocupe, todo bien, seguro no es la única que comete errores tan graves en este país

La broma, que hace reír a los pocos que escuchan a ellas les cae como una broma pesada. Temo por mi vida. Espero que no me ataquen con esa fuerza demoledora que presumen sus brazos. Rita está ahí, mirando todo, se ríe de lo que digo. Le comento en voz baja que no lo hago para que se ría, que de verdad estoy enojado. Ella le importa un comino, se ríe mucho. Llega otra señora, Rita me mira, sabe que diré algo, pero me gana la dama recién llegada:

-¿Está haciendo fila, joven?
-Sí, pero le cedo mi lugar, pásele, qué bueno que me pregunta, seguramente usted no vota por pendejos.

Abren dos ventanillas nuevas. La señora que llamaré Donna, para efectos de narración, y yo avanzamos hacia ellas y tramitamos nuestras CURPs, las gordas nos miran con envidia, amenazantes. La señorita de la ventanilla dice:

-Estos panistas. (Acomoda su camisa roja del uniforme)
-Quiero dejar algo en claro (me dirijo hacia los presentes), que deteste a los panistas y a sus adeptos, gandallas atrincherados en cada centímetro del país, no significa que el imbécil de Bours sea mi favorito. Que le den por culo también.

Me lanzan mi CURP en la cara. Salgo herido, sin partido, ni gloria, una gorda me mete el pie, logro esquivarlo, huyo hacia la salida. Afuera, Rita me espera.